lunes, 1 de octubre de 2018
Con las piezas que más gusten
Dirigido por Oliver Stone, y estrenado en la 66ª edición del prestigioso Festival de Cine de Venecia en 2017, el documental “Al sur de la frontera” es una reivindicación de la lucha que encabezó Hugo Chávez para evitar el avasallamiento de Latinoamérica ante las políticas imperialistas de Estados Unidos y el Fondo Monetario Internacional.
En poco más de una hora, el cineasta norteamericano, ya reconocido por películas como “Platoon” (1986) y “Wall Street” (1987), intenta reconstruir el proceso de recambio político que permitió consolidar el socialismo en buena parte de los gobiernos sudamericanos, con el paso de las últimas décadas.
Desde un primer plano, Stone ya cautiva con su propuesta. Es que al externalizar su óptica, reconoce otras realidades y advierte los sesgos voluntarios a los que recurre la hegemonía mediática de su país. Desnuda, así, a medios de comunicación cómplices, que alimentan una política de Estado que sólo se propone un único objetivo: construir “nuevos enemigos”.
“Tirano”, “Dictador”, son los términos a los que apela la prensa estadounidense cuando se refiere a Hugo Chávez. Pero es a partir de ese ataque permanente del que es blanco el presidente venezolano, que el cineasta, contra todas las vociferaciones de Estados Unidos, enaltece la vehemencia de su discurso, su ideología fundada en la figura de Simón Bolívar, y lo reivindica como el principal símbolo de lucha e independencia de Latinoamérica.
Y en una segunda instancia también aparece Néstor Kirchner, ante la negativa que mostró a la política exterior que buscaba implementar el Gobierno de George Bush, durante la histórica Cumbre de las Américas que se celebró en 2005 en Mar del Plata. “Fue el paso más importante que dio la región”, se insiste en el documental.
Sin embargo, el enamoramiento y la idealización de las políticas chavistas sólo le permiten al director dar forma a un largometraje demasiado sintético y parcial, y de conclusiones fáciles y previsibles. Que sólo se limita al testimonio de mandatarios, pero que no profundiza, en primera persona, sobre los disimiles y complejos contextos sociales que transversalizan a Sudamérica.
No se lo condena a Stone por tomar partido: sino por la intención, para nada inocente, de reconstruir un rompecabezas sin ir en búsqueda de todas las piezas que constituyen la verdadera política de intereses de la que no están ajenos los países latinoamericanos.
*Trabajo realizado para la materia "Análisis de la Actualidad", dictada por el profesor Walter Medina, en DeporTEA Mar del Plata. Crítica sobre "Al Sur de la Frontera", de Oliver Stone.
Bilenio, y el espacio como receptáculo de la ambición social
Una sociedad que no exige, nunca tiene. Una sociedad que no lucha, nunca consigue. Una sociedad que no desea, nunca alcanza. Y “Bilenio”, de James Graham Ballard, es el retrato de la opacidad anodina a la que elige someterse una sociedad que convive con la superpoblación, que naturaliza la falta de espacios y que, sin demasiada consciencia ni preocupación, decide acoplarse a la incomodidad, a la bajeza y, sobre todo, a la injusticia.
En el universo distópico que construye el escritor inglés, los estrechos cubículos en los que se habilita la vida de las personas se configuran como el espejo material que permite distinguir el grado de ambición que alimenta a los personajes: a diferencia de lo que sucede con sus cuerpos y objetos, los sueños y los anhelos parecen ingresar con holgura en esos cuatro metros cuadrados que fija el Gobierno como límite máximo de extensión de los espacios habitacionales.
Es que la sociedad de “Bilenio” no desea; se conforma con la incomodidad que signa su presente. Los diálogos que comparten a diario los protagonistas de la trama son fieles testimonios de ese vivir farmacológico. “- Has tenido suerte en encontrar este sitio (…) Es enorme, una perspectiva que da vértigo. No me sorprendería que tuvieras aquí cinco metros por lo menos, quizá seis”, destaca con énfasis Henry Rossiter, al visitar el primer cuarto donde habitaba John Ward.
La drástica reducción de los espacios se vislumbra, sin embargo, como la medida más evidente de una política que cercena, al mismo tiempo, otra serie de derechos básicos. En primer lugar, así como las personas prácticamente están despojadas de su intimidad, se pierde el valor de lo privado: la potestad sobre los cubículos recae en el Estado, que es quien se encarga de cobrar alquileres y realizar controles estrictos y permanentes para evitar presuntas violaciones a las leyes habitacionales. La población no sólo está alejada de todo tipo de lujos y posesiones, sino que también queda reducida a las penurias. Los millones de habitantes coinciden en vestimentas que aluden a una baja condición social: “Mientras se abría paso a empujones hacia las casas o las oficinas vistiendo ropas polvorientas y deformes”.
Y se experimenta otro proceso de detrimento con un tercer derecho esencial: el acceso a la comida. Entre las grandes demoras que deben soportar por la superpoblación que inunda los centros urbanos, la descripción de la oferta a la que pueden acceder los protagonistas pone el énfasis en su escasa calidad: “No sólo encontrarían colmado el bar, de modo que pasaría media hora antes de que los atendieran, sino que la comida era además insulsa y poco apetecible”.
Además, en el espacio, que ante la necesidad y ausencia adquiere un valor imponderable en el cuento, se funda una lógica mercantil que penetra sobre el inconsciente social. Es decir, las ansias y las proyecciones de vida que tienen las personas deben evadir toda pretensión de satisfacción personal para someterse a los condicionamientos que imponen las leyes del mercado. Así, en la búsqueda de nuevos cubículos no se descubre el deseo por una mayor comodidad; su impulso está dado simplemente por el hallazgo de la dignidad. El mismo escenario se ve reflejado en la concepción del casamiento: los personajes no buscan sellar su felicidad al encontrar el amor de otra persona, sino que sólo anhelan la ceremonia para aspirar la obtención de algunos metros más en sus futuros cubículos.
“Demasiado cierto. Todos deseamos casarnos para conseguir los seis metros propios”, confiesa, con absoluta naturalidad, Rossiter. En la superpoblada trama de J.G. Ballard, no hay lugar para una mirada que avizore otro futuro más allá de las “jaleas” humanas que abarrotan la circulación por las calles, que busque rebelarse y escapar de una mediocridad insoportable. La única solución que se propone para enfrentar los “ajustes” del Gobierno es amoldarlos a la rutina: “(…) en la última resolución, dijeron lo mismo, cuando bajaron el mínimo de cinco metros a cuatro. No es posible, dijeron todos, nadie aguantaría vivir en cuatro metros (…) Se equivocaban. Bastó decidir desde entonces que todas las puertas se abrirían hacia afuera. Y así nos quedamos con cuatro metros”, recuerda el compañero de Ward.
Tampoco existe oposición alguna a la política oficial. Se deja entrever que la sociedad es consciente de las manipulaciones que se realizan sobre los índices poblacionales pero nunca se produce una instancia de protesta individual o colectiva ante las autoridades: “La política oficial era ahora declarar que la población mundial había llegado a un nivel estable de veinte mil millones. Nadie lo creía”.
No hay preocupación ni malestar en el hálito que se desprende de la atmósfera del cuento: lo que se respira es comodidad. La sociedad actúa con la misma indiferencia que comulga el protagonista, que no resiste los cuestionamientos por la mala calidad de vida pero, sin embargo, nunca sale del lugar de confort para lograr un cambio de su cotidianidad: “Habiéndose entregado voluntariamente a la dinámica de la ciudad, Ward se resistía a rebelarse en nombre de una mejor taza de café”.
La complejidad de la trama no permite atribuir responsabilidades unilaterales: la nulidad de espacios no sólo responde al ajuste drástico del Gobierno, sino, ante todo, a la abulia de una sociedad que cede ante el evidente avasallamiento de sus derechos. Las injusticias que no se denuncian, el silencio que se vuelve cómplice y la resignación que se traduce en consentimiento, expone la falta de ambición que atraviesa a la sociedad de “Bilenio”. Porque quienes callan y observan y nunca cuestionan, siempre quedarán reducidos al incómodo lugar de la intrascendencia.
*Trabajo realizado para el Taller de Oralidad y Escritura I de la carrera de Letras de la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMDP), dictado por el dr. Juan Cegarra. La temática del cuatrimestre abordó la ciencia ficción, y de ese marco se desprende el análisis.
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Entre desigualdades y otras condenas: el mundo que nadie quiere dar vuelta
Ante la enorme confusión e injusticia que advierte, particularmente en América Latina, el pensador de la Banda Oriental propone, en una primera instancia, un juego claro y sencillo: poner las cosas y a cada cual en su lugar. Así es que enumera de forma puntillosa toda acción, mérito e intervención de la política y su conjunto, para mostrar los verdaderos rostros responsables de un mundo tan enfermo y confundido.
A través de ese revisionismo histórico, el autor de “Las venas abiertas de América Latina” y “Los hijos de los días” sienta entonces sobre el banquillo de los acusados a Gran Bretaña, China, Rusia, y a otros monstruos del imperialismo que, a lo largo de las décadas, ostentaron poder pero no inteligencia como para evitar hundirse en las aguas silenciosas que arrastran el deterioro y el retroceso social.
Pero, claro está, la denuncia más fuerte se posiciona contra Estados Unidos. Entre los delitos que le imputa el periodista, lo acusa de ser partícipe necesario y tener injerencia directa en la instrucción y preparación de los dictadores que después firmarían con total impunidad los capítulos de la historia más cruentos y oscuros para Argentina, Chile, Paraguay, Bolivia, Brasil y Uruguay.
O también de haber constituido gobiernos latinoamericanos “dóciles”, dispuestos a rifar el futuro de naciones, a someterse a intercambios económicos ruinosos, a condenar estilos de vida a la servidumbre, o a cualquier otro antojo que bajara desde el sillón principal de la Casa Blanca.
El libro de Galeano, en definitiva, no sólo brinda una formidable descripción de las políticas que someten a millones y a sus países y que alimentan el enriquecimiento de unos pocos y de sus depósitos en Suiza, sino que subyace en la construcción de un relato de voluntades, que desenmascara un esquema de poder que perpetúa la “tradición del equívoco”.
La escuela que funda el escritor uruguayo cuenta con un vasto programa educativo que, en algunos tramos, hasta resulta dolorosamente didáctico y pedagógico. Sin embargo, la institución también carece de respuestas para algunas preguntas casi ineludibles.
Cómo puede ser que la mitad de los niños y adolescentes de América Latina, que suman casi la mitad de la población total, vivan en la miseria absoluta. Cómo puede ser que haya tanta miseria y tanto dinero, que ni la riqueza sepa qué hacer consigo misma. Cómo puede ser la política tan miserable y nefasta.
Y quizás Galeano, con su humilde palabra y reflexión, también se ve limitado a encontrar la cura para semejante tragedia cotidiana, pero al menos brinda un diagnóstico certero sobre esos otros padecimientos crónicos, como el machismo y el racismo, que penetran en las sociedades del mundo, desde los tiempos más remotos y primitivos.
Con la ironía y el humor implacable que siempre lo distinguió, el periodista muestra una vez más en “Patas arriba: la escuela del mundo del revés” su lucidez, y todo lo hábil y sutil que puede resultar su prosa; es una pluma que puede engañar por la sencillez y discreción, pero que siempre resulta tan punzante e hiriente como un puñal.
Las acusaciones de Eduardo Galeano no caen en lugares comunes ni se dirigen únicamente hacia la dirigencia política: también sitúan la mirada crítica sobre la dirigencia cultural. Augusto Comte, José Ingenieros, Herbert Spencer, Arnold Toynbee y hasta Jorge Luis Borges, son algunos de los reconocidos intelectuales que desfilan en una catarata de repudios, por configurar distinciones de raza, piel y género retrógradas para toda época.
Con la misma vara acusa a José Hernández y su Martín Fierro, el personaje que encarnó al gaucho pobre y perseguido, pero que opinaba que los negros y los indios eran ladrones, por mera condición étnica. “El indio es indio y no quiere apiar de su condición; ha nacido indio ladrón, y como indio ladrón muere”, reza, a modo de sentencia, uno de los versos citados por el escritor.
Y la paradoja que advierte el pensador uruguayo es tan curiosa como peligrosa: porque son muchas veces los ladrones los que terminan siendo los más robados por parte de Estados, que también están saqueados y que no tienen para mostrar más que la pálida cara de la ausencia y el abandono. Se abre así un círculo vicioso, en el que se condena al criminal, pero no a esa máquina que lo fabrica, y que nunca detiene sus engranajes.
Es que la ley, sostiene Galeano, es como una “telaraña”, que sí, que atrapa a las “moscas y otros insectos chiquitos”, pero que nunca le “corta el paso a los bichos más grandes”. Pero en la naturaleza, toda ley siempre tiende al equilibrio; en la ley del hombre, en cambio, el poder siempre tiene la costumbre de sentarse sobre uno de los platillos que desequilibran la balanza de la Justicia.
Cada una de estas consecuencias, sin embargo, son apenas una causa de la consecuencia mayor: el desprestigio y la crisis por la que atraviesa la democracia. La hegemonía del mercado, según se advierte en el relato, ya está haciendo “trizas” los tejidos sociales y hasta pone en jaque la figura del político, que se reduce cada vez más a los mandatos de las finanzas. Así, en tiempos de tanto desdén, la representatividad de este sistema se asemeja más a una abstracción que a un derecho legítimo.
Si hay algo que no le falta a Eduardo Galeano en este libro, son pruebas para demostrar que el mundo vive equivocado. Que el mundo vuela torcido y confundido. Pero cuidado: no hay que ser ilusos ni inocentes. Porque el problema que se descubre no es que todo el mundo está “patas arriba”: la tragedia es que no existe nadie con voluntad para darlo vuelta.
*Trabajo realizado para la materia "Análisis de la Actualidad", dictada por el profesor Walter Medina, en DeporTEA Mar del Plata. Humilde mirada sobre un librazo del maestro Eduardo Galeano.
miércoles, 1 de noviembre de 2017
Scarlet, y el desafío de posicionar a Mar del Plata como faro del cine
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| Foto: Diego Izquierdo |
Es que la reflexión, la determinación y, en definitiva, la constante búsqueda de una superación, marcan los pergaminos que proyectan la carrera cinematográfica de Peter Scarlet. Tras su paso por los prestigiosos festivales de San Francisco, Tribeca, y Abu Dabi, llega a Mar del Plata con el desafío de posicionar a la ciudad como faro del cine a nivel internacional. Nada menos.
Pero pese a la pasividad y profundidad que ofrece en cada respuesta, el norteamericano parece incapaz de ocultar la ansiedad que lo invade. A poco más de un mes de lo que será la 32º edición, el nuevo director artístico decidió instalarse en Mar del Plata para trabajar y definir “de primera mano” los últimos detalles de uno de los eventos culturales con mayor trascendencia en Argentina.
En su primer contacto con la prensa, Scarlet eligió a El Marplatense y mantuvo una extensa conversación, en la que trazó sus perspectivas para el festival que se celebrará del 17 al 26 de noviembre y también reflexionó sobre el rol que ocupa el cine la sociedad, en medio del auge mundial de las nuevas plataformas de streaming.
– ¿Cómo recibió la propuesta para hacerse cargo de la dirección artística de este Festival?
– Realmente estaba sorprendido cuando me contactaron las autoridades. Sabía sobre Mar del Plata pero jamás había venido acá.
– ¿Usted conocía Argentina?
– Argentina sí, una vez. Hace 10 años. Y viajo un montón, quiero decir, para alguien de Estados Unidos es inusual. Pero lo que siempre me decían era que había dos festivales en Argentina: el de Mar del Plata, que era muy bueno, y el Bafici, que era fantástico. Pero en los últimos años el nivel del festival de Mar del Plata ha sido cada vez mejor.
– Y teniendo en cuenta su paso por otros festivales en el mundo, ¿Cuáles son sus impresiones sobre el Festival de Mar del Plata?
– Bueno, aún no he experimentado este festival. Pero en el tiempo en que he estado trabajando para el mismo, estuve viajando y viendo cineastas y gente en otros festivales de cine, y les menciono que ahora estoy trabajando en Mar del Plata y me dicen que la reputación del festival es excelente. Muy muy buena. Y sí, yo he dirigido festivales en San Francisco, Nueva York, París y Abu Dabi, y esto es más parecido a Abu Dabi, en el sentido de que todo está muy lejos de la gente de Europa, o de Estados Unidos. Es muy difícil llegar allá.
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| Foto: Diego Izquierdo |
Para las últimas ediciones del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata ya resulta tradicional su celebración desde mediados de noviembre. Sin embargo, con su óptica internacional, Scarlet advirtió que este tipo de fechas producen un alejamiento del evento para con las principales mecas de la industria en el mundo.
Ante ello, el programador norteamericano sostuvo que debe replantearse el lugar actual que ocupa el festival en el caledario para lograr una mejor integración con el cronograma del resto de los países, por lo que no descartó cambios para el próximo año.
– ¿Por qué dice que es tan difícil llegar a esos países?
– No hay una razón inmediata para venir porque Nueva York es Nueva York, San Francisco es San Francisco y París es París. Mar del Plata, o incluso Argentina, no es un gran mercado para la gente que está manejando películas, vendiéndolas, o distribuyéndolas.
O también, otro factor que probablemente no tengas en cuenta es el tiempo. Si por ejemplo voy a Toronto en septiembre, veo una película increíble y la quiero presentar acá, necesitamos a los actores en noviembre. Pero el talento de la gente de la película tiene que estar en Nueva York, porque la película se estrena en diciembre, así que no pueden viajar y entonces siempre hay que andar haciendo cálculos. Esto es una verdad en todos los festivales, pero las condiciones de acá son distintas a las condiciones que he experimentado en otros festivales.
– ¿Usted sostiene que la fecha de nuestro festival se contrapone con la de otros festivales?
– Sí, bueno, el calendario de Argentina está casi último del calendario internacional.
– ¿Entonces entiende que el calendario que hoy tiene el festival lo perjudica?
– Es complicado. Estamos viendo de qué manera cambiarlo tal vez para el próximo año. Es que también estos días coinciden con el día de Acción de Gracias en Estados Unidos. Así que hablé con mucha gente que no podía venir porque tenían que estar en la familia. Pero siempre hay factores como ese porque, lamentablemente, las encuestas muestran que en los próximos años van a haber cada vez más festivales. Y quizá estén en un mercado más grande, tienen más plata. Entonces eso hace más difícil traer películas.
– ¿Y qué es lo que lo posiciona entonces en el festival de Mar del Plata, teniendo en cuenta todas estas dificultades?
– Volvé y preguntame eso cuando termine el festival. Porque aún no lo experimenté. Lo que sí he escuchado, como ya te dije, es que la gente dice que Mar del Plata es genial, y me refiero a mucha gente en Buenos Aires, acá mismo o en Latinoamérica. Me dicen: ‘¡Oh! Mar del Plata es mi festival favorito ¿Por qué? No lo sé, es simplemente tan genial’ Y realmente es una gran experiencia humana.
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| Foto: Diego Izquierdo |
El auge de las nuevas plataformas y servicios en línea en el mundo de a poco parece constituirse como una amenaza que atenta con desmoronar parte de esa concepción tradicional del cine que supo predominar y sostenerse durante décadas. El debate en la industria ya está instalado hace tiempo. Y a principios de año tuvo uno de los mayores focos de discusión en Francia.
En el país europeo, se estipula que deben pasar tres años para que una película que tuvo lugar en la pantalla grande pueda llegar a un servicio de streaming. Sin embargo, Netflix omitió toda normativa, impuso sus propias reglas de juego y suscitó fuertes críticas por parte de cineastas y productores, al punto que el festival de Cannes decidió prohibir el ingreso de sus producciones a la competencia. Para algunos, la discusión es estética, y, para otros, pasa por términos económicos.
En este escenario de cambio, Scarlet aporta una mirada de raíces más clasistas, que resguarda más el pasado que el futuro. Si bien apunta sus críticas para con estas plataformas, el productor estadounidense no advierte “peligros” y pondera como “única” la experiencia que transmite el cine.
– Con Netflix tengo que ser muy crítico porque, al menos en Estados Unidos, no muestra nada que tenga más de 15 años de antigüedad. No hay cine mudo. Creo que la única película muda es Metrópolis, de Fritz Lang. Casi no hay películas en blanco y negro. Hay una larga historia en el cine y si sólo ves Netflix jamás te enterarías. Porque Netflix sólo es un pedacito de esa historia.
Cuando era joven, no teníamos la opción de ver películas de acá, de allá, o de alguna otra manera. Teníamos que viajar, teníamos que ir y movilizarnos para poder ver algo. Y a menudo las copias no eran buenas como lo que podés ver ahora. Si querías ver una película vieja era en 16 milímetros, el contraste era malo, estaba dañada, rasgada. Pero tenías la chance de ver películas con otra gente. Y eso era genial. Así era como las películas eran hechas, y creo que aún lo siguen siendo: para ser vistas con otra gente en una gran pantalla. Martin Scorsesse dice que podrías ver Lawrence of Arabia en un celular, pero la experiencia jamás se acercaría a la que experimentarías en un cine.
– La conclusión entonces es que la experiencia de las salas del cine es inigualable…
– No es que sea peor o mejor, sino que es muy diferente.
– ¿Le parece que puede resultar peligroso Netflix o alguna otra plataforma para el cine?
– Las cosas cambian, y no podés pararlo. Existen alternativas como ahora en Los Ángeles; Christopher Nolan, Quentin Tarantino, están peleando por la película física. Grabando en 16 milímetros o en 35 milímetros, y no grabando en digital. Para preservar los lugares donde las películas puedan exhibirse. Para mí la diferencia entre película y vídeo es todavía muy evidente. Vi la película de un buen amigo mío que es un reconocido cineasta y pasaron su película a vídeo. La vi en el Museo de Artes Modernas de Nueva York con una proyección impecable, y la imagen se veía muerta, plana. No tenía luz en ella. Y después está incluso la forma rara del cine porque hasta 1947 las películas se hacían en nitrato, el cual es extremadamente peligroso, y fue prohibido después del ’47. Sólo hay algunos pocos lugares donde podés ver películas en nitrato. Y una vez que viste una película en nitrato… ¡Oh por Dios! Una belleza increíble.
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| Foto: Diego Izquierdo. |
– Para mí está cambiando mucho todos los días.
– ¿Y le sorprende esos cambios?
– Sorpresa no parece una palabra lo suficientemente fuerte. Cuando yo comencé en los festivales, teníamos un proyector en nuestra oficina que podía proyectar 35 milímetros. Entonces tomábamos un largometraje, y veíamos un carrete a la vez. O ibas al cine y lo veías. Después vino el VHS, entonces veíamos VHS. Después el VHS fue reemplazado por el DVD, ¡DVD!… En Agosto fui jurado del festival de Lima. Y en Lima se encuentra el mercado más grande de DVDs piratas en el mundo. Y cada stand está lleno de gente con álbums de absolutamente todo. Entonces, todo el cine está en algún mercado de pulgas de algún lugar. Y ahora, DVD, Blu-ray, ya pasaron de moda. Ahora en este festival todo es desde la nube. Tenés el código, entrás con la contraseña y podés verlo ahí. Lo podés conectar a tu TV, a tu proyector. Pero 3 días después el link expira. Así que si querés verlo de nuevo, te tenés que pelear porque tenemos 300 películas. Entonces yo mismo tuve que ir con los programadores para tener una visión fresca para presentarla porque francamente, la película que vi hace 2 días por ahí no la recuerdo bien, y la que vi hace 2 meses probablemente no la recuerde para nada. Entonces ahora, no es que pueda sacar el DVD del estante, sino que tengo que escribirle a alguien que no sé ni dónde está para pedirle por favor que me dé otra contraseña.
“EL CINE EDUCA Y ENSEÑA”
Al brindar su reflexión sobre la significancia del cine para la sociedad, Peter Scarlet recordó su pasado como docente en distintas instituciones y vinculó a la pantalla grande como uno de los puentes más directos para “educar” a las personas.
– Me di cuenta que en los festivales la gente puede aprender mucho más que en una clase. ¿Por qué? Porque la gente se pregunta: ¡Oh, diablos… esto estará en un examen final! Pero cuando te sentás y ves una película te relajás. Y cuando te relajás, podás aprender mucho más. Para algunos esto no se puede decir, pero el cine, en secreto, educa y enseña.
– En su rol como director de festivales, ¿Cuál es el sello que busca imprimirle a sus trabajos?
– Supongo que mi sello personal sería cuando yo me vaya, que la gente pueda seguir adelante con la misma pasión, la misma seriedad pero con la misma alegría y juego. El cine tiene que ver con lo lúdico y lo serio al mismo tiempo. Esto es raro, porque he visto gente que enseña cine y es aburrida. Y he visto gente hacer festivales de cine que también es aburrida.
“ZAMA ES LA MEJOR PELÍCULA QUE VI EN EL AÑO”
En su vínculo con cine argentino, el director norteamericano recordó que uno de los miembros del jurado del Festival Internacional de Abu Dabi era Luis Puenzo, quien logró el Óscar por “Mejor película extranjera” con “La Historia Oficial”.
– En ese festival tuvimos muchísimas películas argentinas elogiadas.
– ¿Y ha visto alguna producción nacional que lo haya impactado?
– La mejor película que he visto este año, y que estoy muy triste de no poder mostrar ahora porque tuve que verla después de abrir el festival, es Zama, de Lucrecia Martel. Para conseguir lo mejor de la película, la vi de nuevo y estoy leyendo ahora la novela. Es un logro fantástico. Así que deberían sentirse orgullosos de tener un cineasta tan bueno.
– ¿Por qué le parece un logro fantástico?
– Porque Martel muestra la maestría del cine, es alguien que sabe del cine. Nunca había adaptado una obra de literatura antes, y toma este libro y lo vuelve película. Es fascinante.
Zama significa el regreso después de casi una década de ausencia de Lucrecia Martel a los cines. Se trata de la adaptación a la pantalla grande de la novela publicada en 1965 por Antonio Di Benedetto. El film representará a la Argentina en el Oscar a Mejor Film en Idioma Extranjero, y también fue votado por 164 integrantes de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas para poder competir por el premio Goya Iberoamericano.
*Entrevista realizada para el portal de noticias El Marplatense. Experiencia, claro está, de kilómetros varios.
martes, 31 de octubre de 2017
Mar del Plata, y un vínculo que quiebra el olvido
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| Fotografía: Creciente. Diego Izquierdo. |
“Es un cuadro que se ve y que no se pintó”, es uno de los versos que se desprende de la dulce voz de Ingrid Bretschneider, y que casi sintetiza la esencia de la primera entrega discográfica de una banda que eligió sumergirse en un género experimental - aún no definido por sus propios autores - pero que encuentra guiños con el tango y la milonga.
A diferencia de otros tramos del disco, que sortea en sus distintas letras una suerte de retrato de Mar del Plata, en la segunda canción de “Mareo” asoma una reflexión sobre el amor pero la mirada más profunda sobrevuela sobre esa masa cristalina que se esconde detrás de la “loma de Colón”.
La banda de raíces marplatenses, y que tiene como principal exponente al guitarrista Leopoldo Juanes, no sólo pregunta el significado del mar sino que también se atreve a una respuesta: es, sostiene, “el llano tibio nexo más cercano”.
No es una reflexión arbitraria ni casual la de Creciente en “Un mar tras de una loma”: es que desde tiempos inmemorables se cuestionó la poca importancia y sentido de pertenencia que Mar del Plata tiene para con la principal belleza que la distingue.
La particular acústica y percusión que construye la atmósfera de la canción, con esos compases inspirados en oleaje del mar, y que se mantienen presentes en el resto del disco, son en definitiva otra respuesta implícita que la banda marplatense ofrece a la discusión. Que el mar, sin rencor al olvido y el desprestigio, también es principio y final.
*Trabajo realizado para la materia "Análisis de la Actualidad", dictada por el profesor Walter Medina. Escueta reflexión sobre una canción.
sábado, 6 de agosto de 2016
Sebastián Borensztein: "Será un gran año de Festival"
Luego de finalizar la primera jornada del ciclo “Camino al Festival”, Marpla Noticias dialogó mano a mano con las principales figuras que protagonizaron el encuentro que tuvo lugar en el Teatro Auditorium. Reviví las notas.
“Creo que van a tener un gran año de Festival. Va a estar ‘reloaded’, va a estar muy bueno”, aseguró en sus primeras declaraciones a Marpla Noticias, el reconocido director argentino Sebastián Borenzstein, luego de que ayer se inaugurase el ciclo que ya palpita lo que será la nueva edición del certamen a desarrollarse desde el próximo 18 de noviembre hasta el 27 de septiembre en la ciudad.
Sentados en sus butacas, como si fueran dos espectadores más, Borensztein y el “maestro” José Antonio Martínez Suárez, director del Festival Internacional de Cine marplatense, se sumaron al público presente para disfrutar de las destacadas producciones nacionales “Un cuento chino” (Borensztein) y “Sin sabor” (Pablo Pérez), ya premiadas en anteriores ediciones de la competición.
Sin embargo, pese a las presencias de renombre que habían sido anunciadas para la fecha y la calidad de las películas proyectadas, la primera jornada de “Camino al Festival” se vio opacada por la escasa cantidad de personas que se acercó ayer a la tarde hasta la sala Astor Piazzolla del Teatro Auditorium, lo que dejó una sensación de “sabor a poco” al evento.
Es probable que no haya sido desinterés lo que motivó el gran ausentismo, sino los inconvenientes que exceden totalmente a la organización pero que, al mismo tiempo, tampoco permanecen ajenos a la misma. A raíz de la retención de tareas por 24 horas que había sido decretada desde el Sindicato de Trabajadores Municipales, debió cambiarse de sede a última hora, ya que estaba previsto que el ciclo se desarrollase en el Teatro Municipal Colón.
En este sentido, José Martínez Suárez dijo estar “satisfecho” con la sala y la cantidad de público concurrente, pero no ocultó su enojo y malestar por la decisión tomada por los empleados de la comuna: “Me parece una actitud absolutamente negativa. Si hay algo que tiene que hacer el gremialista es afianzar la cultura. Esto es un acto cultural, no gremial”.
En cuanto a su preponderante rol como director del Festival, Martínez Suárez aseguró que es “la tarea más difícil” que ha tenido que cumplir pero que por eso mismo es “la más linda”. “La hago con todo esfuerzo pero también con toda voluntad y alegría”, dijo y agregó: “es un placer personal el de exhibir películas que son aplaudidas, comentadas y elogiadas”.
Respecto a sus expectativas para la próxima edición del certamen internacional, manifestó que son “mejores que las del año anterior” y que tiene el deseo de que “todas las programaciones sean superiores para que el público salga satisfecho y con ganas de contar la película al primer amigo que encuentre”.
En la misma sintonía se expresó Sebastián Borensztein, quien también se refirió a su último trabajo cinematográfico, “Koblic”: “Hizo una muy linda performance. Es una película muy dura. Tuvimos 300 mil espectadores, una suma muy grande para nuestro cine. La gente tiene mucha reticencia a acercarse a películas que abordan periférica o tangencialmente el tema de los años oscuros de la Argentina, de la dictadura. Estamos muy contentos con la calidad de la película y con los elogios que hemos recibido”.
En referencia a sus futuros proyectos, el director señaló que todavía nada de lo que se encuentra haciendo “tiene nombre y apellido”. “Ahora estoy con el trabajo que hago constantemente, que es el de escribir y tirar a la basura. En algún momento decidiré que algo no vaya a la basura y que se pueda llegar a convertir en una película. Estoy como en la cocina creativa todo el tiempo”, explicó.
Además de Pablo Pérez, el director del cortometraje “Sin Sabor”, otra de las figuras destacadas de la fecha tuvo lugar con la sorpresiva aparición del actor de origen taiwanés, Ignacio Huang, quien formó parte del elenco de “Un cuento chino”, junto a los actores Ricardo Darín y Muriel Santa Ana.
El joven intérprete dijo que la oportunidad de trabajar en la película dirigida por Borensztein fue como el “trampolín” que lo lanzó a la “fama”. “Tuve que aprender a cómo comportarme y convertirme en un personaje público”, confesó Huang en diálogo con Marpla Noticias.
“Al principio no sabía ni quién era Sebastián Borenzstein hasta que me dijeron que era el hijo de Tato, imagínate. Empecé a valorar lo que me pasó. Fue como la historia de la Cenicienta. Es muy lindo cuando la varita mágica de la vida te toca. Fue otra experiencia, fue transformador. Espero que en el futuro pueda seguir trabajando con Sebastián en otra producción”, dijo el actor.
“Creo que van a tener un gran año de Festival. Va a estar ‘reloaded’, va a estar muy bueno”, aseguró en sus primeras declaraciones a Marpla Noticias, el reconocido director argentino Sebastián Borenzstein, luego de que ayer se inaugurase el ciclo que ya palpita lo que será la nueva edición del certamen a desarrollarse desde el próximo 18 de noviembre hasta el 27 de septiembre en la ciudad.
Sentados en sus butacas, como si fueran dos espectadores más, Borensztein y el “maestro” José Antonio Martínez Suárez, director del Festival Internacional de Cine marplatense, se sumaron al público presente para disfrutar de las destacadas producciones nacionales “Un cuento chino” (Borensztein) y “Sin sabor” (Pablo Pérez), ya premiadas en anteriores ediciones de la competición.
Sin embargo, pese a las presencias de renombre que habían sido anunciadas para la fecha y la calidad de las películas proyectadas, la primera jornada de “Camino al Festival” se vio opacada por la escasa cantidad de personas que se acercó ayer a la tarde hasta la sala Astor Piazzolla del Teatro Auditorium, lo que dejó una sensación de “sabor a poco” al evento.
Es probable que no haya sido desinterés lo que motivó el gran ausentismo, sino los inconvenientes que exceden totalmente a la organización pero que, al mismo tiempo, tampoco permanecen ajenos a la misma. A raíz de la retención de tareas por 24 horas que había sido decretada desde el Sindicato de Trabajadores Municipales, debió cambiarse de sede a última hora, ya que estaba previsto que el ciclo se desarrollase en el Teatro Municipal Colón.
En este sentido, José Martínez Suárez dijo estar “satisfecho” con la sala y la cantidad de público concurrente, pero no ocultó su enojo y malestar por la decisión tomada por los empleados de la comuna: “Me parece una actitud absolutamente negativa. Si hay algo que tiene que hacer el gremialista es afianzar la cultura. Esto es un acto cultural, no gremial”.
En cuanto a su preponderante rol como director del Festival, Martínez Suárez aseguró que es “la tarea más difícil” que ha tenido que cumplir pero que por eso mismo es “la más linda”. “La hago con todo esfuerzo pero también con toda voluntad y alegría”, dijo y agregó: “es un placer personal el de exhibir películas que son aplaudidas, comentadas y elogiadas”.
Respecto a sus expectativas para la próxima edición del certamen internacional, manifestó que son “mejores que las del año anterior” y que tiene el deseo de que “todas las programaciones sean superiores para que el público salga satisfecho y con ganas de contar la película al primer amigo que encuentre”.
En la misma sintonía se expresó Sebastián Borensztein, quien también se refirió a su último trabajo cinematográfico, “Koblic”: “Hizo una muy linda performance. Es una película muy dura. Tuvimos 300 mil espectadores, una suma muy grande para nuestro cine. La gente tiene mucha reticencia a acercarse a películas que abordan periférica o tangencialmente el tema de los años oscuros de la Argentina, de la dictadura. Estamos muy contentos con la calidad de la película y con los elogios que hemos recibido”.
En referencia a sus futuros proyectos, el director señaló que todavía nada de lo que se encuentra haciendo “tiene nombre y apellido”. “Ahora estoy con el trabajo que hago constantemente, que es el de escribir y tirar a la basura. En algún momento decidiré que algo no vaya a la basura y que se pueda llegar a convertir en una película. Estoy como en la cocina creativa todo el tiempo”, explicó.
Además de Pablo Pérez, el director del cortometraje “Sin Sabor”, otra de las figuras destacadas de la fecha tuvo lugar con la sorpresiva aparición del actor de origen taiwanés, Ignacio Huang, quien formó parte del elenco de “Un cuento chino”, junto a los actores Ricardo Darín y Muriel Santa Ana.
El joven intérprete dijo que la oportunidad de trabajar en la película dirigida por Borensztein fue como el “trampolín” que lo lanzó a la “fama”. “Tuve que aprender a cómo comportarme y convertirme en un personaje público”, confesó Huang en diálogo con Marpla Noticias.
“Al principio no sabía ni quién era Sebastián Borenzstein hasta que me dijeron que era el hijo de Tato, imagínate. Empecé a valorar lo que me pasó. Fue como la historia de la Cenicienta. Es muy lindo cuando la varita mágica de la vida te toca. Fue otra experiencia, fue transformador. Espero que en el futuro pueda seguir trabajando con Sebastián en otra producción”, dijo el actor.
(*) Cobertura periodística a cargo de Ezequiel Chamorro y Bruno Perrone.
jueves, 23 de junio de 2016
La verdad en última instancia
Film: The Insider (El informante); Año: 1999; Dirección: Michael Mann; Guión: Marie Brenner, Eric Roth, Michael Mann; Género: Drama; Fotografía: Dante Spinotti; Música: Pieter Bourke, Lisa Gerrard, Graeme Revell, Gustavo Santaolalla; Elenco: Al Pacino, Russell Crowe, Christopher Plummer, Michael Gambon, Bruce Travis McGill, Rip Torn, Gina Gershon, Philip Baker Hall, Debi Mazar; Duración: 151 minutos.
Calificación: Excelente
(*contiene SPOILERS)
“¿Qué tiene que ver eso con mi testimonio? ¡Dije la verdad!”, responde al teléfono Jeffrey Wigand (Rusell Crowe), incrédulo, con un tono histérico, desesperado, angustiante, ante la catarata de preguntas incómodas, molestas y acusatorias del productor de 60 Minutes, Lowell Bergman (Al Pacino), sobre su pasado. “Estoy intentando protegerle”, le explica Bergman. Wigand no entiende, se aferra a su palabra. “Dije la verdad”, repite, como si con eso bastara.
Sin embargo, si hay algo que se encarga de demostrar The Insider, en lo que probablemente sea el mejor logro fílmico de Michael Mann como director, es que no basta sólo con decir la verdad; increíblemente, el devastador testimonio del ex vicepresidente de la tabacalera Brown & Williamson no resulta suficiente ante el titánico poder de la multimillonaria empresa.
“No importa si dijiste la puta verdad o no”, responde entonces desde el otro lado del teléfono, el experimentado Bergman, con un manto de escepticismo difícil de canalizar para un Wigand que ya violó su acuerdo de confidencialidad con la firma estadounidense, que ya perdió a su esposa y a sus dos hijas, y que sólo pide una bocanada de justicia: que su secreto salga a la luz.
De ese diálogo intenso, frenético y rabioso, cargado con la misma tensión con la que debe lidiar el apasionante largometraje, se distingue el eje central que constituye al film: el reposicionamiento de la verdad. Y el director, aquí, se toma el atrevimiento de situarla en última instancia, en el último peldaño de un empedrado camino que, por momentos, hasta resulta inconducente y se torna difuso e incierto.
Lo interesante del discurso de Mann, es que gran parte de esas piedras que dificultan el alcance de la verdad, se desprenden del propio accionar del periodismo, lo que se traduce, a priori, como una grave contradicción a sus propios principios y postulados. The Insider desnuda así a una profesión mezquina, maleable a los intereses económicos y empresariales que la rodean y penetran.
El productor de 60 minutes no sólo se ve envuelto en una carrera a contra reloj para evitar que los otros medios publiquen las difamaciones contra Wigand, sino que también debe enfrentar, sin ningún apoyo, las decisiones internas de la CBS, que se niega a publicar la entrevista ante el riesgo de una potencial demanda judicial por parte de Brown & Williamson. Queda claro: la investigación llegó demasiado lejos.
“¿Sos un hombre de negocios o sos un periodista?”, lanza furioso Bergman, con sus palmas llenas de indignación, a los ejecutivos y al propio Mike Wallace (Christopher Plummer), la cara visible del prestigioso programa investigativo. La pregunta impacta fuerte en las cuatro paredes de la sala directiva y, lejos de respuestas, lo único que encuentra son miradas incómodas.
La corrupción de las instituciones, los intereses del periodismo, todo queda expuesto en The Insider de forma sublime, excepcional, a través de una intensa vorágine que logra mantenerse viva durante todo el desarrollo del film. Lo que se expone, en definitiva, es la capacidad del periodismo para manipular una verdad, para destrozarla. Porque al final, la verdad también es lo último que importa.
*Nobleza obliga: el origen del comentario nace a partir de una simple tarea pero su forma, se desprende de la maravillosa introducción de Milagros Amondaray (LA NACIÓN) en este texto. Ya venía con la idea de plantear algo así, y aquellas palabras terminaron de convencerme. Simplemente genial. Fuente de inspiración. Si algún día te topas con esto Milagros, dos cosas: primero, perdón; y segundo, GRACIAS.
domingo, 12 de junio de 2016
Amelita Baltar brilló en el Colón
Luego de finalizar su única función en Mar del Plata, la "diva del tango" dialogó en exclusiva con este medio para contar con detalle cómo vivió su regreso a la ciudad y su reencuentro con el público marplatense.
"Lo viví fantástico, uno es el reflejo de lo que le pasa al público", aseguró la icónica voz de la música popular, Amelita Baltar, tras su brillante presentación de ayer en el Teatro Municipal Colón junto a la Orquesta Municipal de Tango y el emblemático pianista Aldo Saralegui, donde también fue declarada "Visitante Notable" de la ciudad por el Concejo Deliberante.
Como estaba previsto, la actriz y cantante de reconocida trayectoria mundial no se hizo esperar y, pasadas las 21, ya se encontraba en escena junto al piano de Saralegui para hacer vibrar cada una de las butacas del teatro con su versión de "Volver", de Carlos Gardel y Alfredo Le Pera, y así iniciar su reencuentro con Mar del Plata, con su "amor de verano" juvenil.
Sin embargo, ése fue apenas un indicio de lo que sería la noche: Amelita brilló durante más de una hora con un amplísimo y variado repertorio, en el que además de recorrer tangos y clásicos de Piazzolla, se permitió un viaje por sus orígenes, interpretando boleros y música folclore con el sentimiento y la pasión que tanto la han distinguido a lo largo de su carrera.
El gran marco de público que colmó el tradicional escenario marplatense, además de aplaudir y reír en cada uno de los intervalos con las anécdotas de Amelita, fue también testigo de uno de los momentos más emotivos de la noche: el reconocimiento del legislativo a una de las más grandes voces del canto popular.
Al promediar el espectáculo, el intendente Carlos Arroyo; la secretaria de Cultura, Silvana Rojas; el presidente del HCD, Guillermo Sáenz Saralegui; y el director del Teatro Municipal Colón, Marcelo Gobello, hicieron entrega de las declaraciones de "Interés Cultural" y "Visitante Notable" a la prestigiosa cantante. "Son todos mimos que le dan al espíritu, al corazón", afirmó Baltar.
Como es habitual, la Orquesta Municipal de Tango que escoltó a la artista durante gran parte del show, estuvo conformada por su director Julio Dávila; Germán Galbato en bandoneón solista y Pablo González en bandoneón; Pablo Albornoz en violín solista, Jorge Smitt en violín y Juan Manuel Rivas como violín invitado; Juan Pablo Gez Carballo en viola; Daniel Sergio en violoncello; Eduardo Luc en contrabajo y la voz de Jorge Álvarez.
"Lo viví fantástico, uno es el reflejo de lo que le pasa al público", aseguró la icónica voz de la música popular, Amelita Baltar, tras su brillante presentación de ayer en el Teatro Municipal Colón junto a la Orquesta Municipal de Tango y el emblemático pianista Aldo Saralegui, donde también fue declarada "Visitante Notable" de la ciudad por el Concejo Deliberante.
Como estaba previsto, la actriz y cantante de reconocida trayectoria mundial no se hizo esperar y, pasadas las 21, ya se encontraba en escena junto al piano de Saralegui para hacer vibrar cada una de las butacas del teatro con su versión de "Volver", de Carlos Gardel y Alfredo Le Pera, y así iniciar su reencuentro con Mar del Plata, con su "amor de verano" juvenil.
Sin embargo, ése fue apenas un indicio de lo que sería la noche: Amelita brilló durante más de una hora con un amplísimo y variado repertorio, en el que además de recorrer tangos y clásicos de Piazzolla, se permitió un viaje por sus orígenes, interpretando boleros y música folclore con el sentimiento y la pasión que tanto la han distinguido a lo largo de su carrera.
El gran marco de público que colmó el tradicional escenario marplatense, además de aplaudir y reír en cada uno de los intervalos con las anécdotas de Amelita, fue también testigo de uno de los momentos más emotivos de la noche: el reconocimiento del legislativo a una de las más grandes voces del canto popular.
Al promediar el espectáculo, el intendente Carlos Arroyo; la secretaria de Cultura, Silvana Rojas; el presidente del HCD, Guillermo Sáenz Saralegui; y el director del Teatro Municipal Colón, Marcelo Gobello, hicieron entrega de las declaraciones de "Interés Cultural" y "Visitante Notable" a la prestigiosa cantante. "Son todos mimos que le dan al espíritu, al corazón", afirmó Baltar.
Como es habitual, la Orquesta Municipal de Tango que escoltó a la artista durante gran parte del show, estuvo conformada por su director Julio Dávila; Germán Galbato en bandoneón solista y Pablo González en bandoneón; Pablo Albornoz en violín solista, Jorge Smitt en violín y Juan Manuel Rivas como violín invitado; Juan Pablo Gez Carballo en viola; Daniel Sergio en violoncello; Eduardo Luc en contrabajo y la voz de Jorge Álvarez.
La "diva del tango" también se refirió a sus próximos espectáculos y brindó algunos detalles de lo que hará a partir de julio, ya que desde del próximo mes estrenará "Noches de Kabaret" en el Maipo: "Voy hacer un poco más de folclore y algunos boleros", adelantó a este medio.
Además, tiene en vistas el lanzamiento del nuevo CD y DVD grabado en vivo de lo que fue su presentación en el Teatro Solís de Montevideo, en junio de 2015, junto a la Orquesta Filarmónica de dicha ciudad, que saldrá en pocos meses al mercado.
Además, tiene en vistas el lanzamiento del nuevo CD y DVD grabado en vivo de lo que fue su presentación en el Teatro Solís de Montevideo, en junio de 2015, junto a la Orquesta Filarmónica de dicha ciudad, que saldrá en pocos meses al mercado.
(*) FOTOS: CORTESÍA SILVIA COLUCCI
domingo, 8 de mayo de 2016
La guerra después de la guerra
Film: Héroe Corriente; Año: 2014; Dirección: Miguel Monforte; Guión: Miguel Monfortes, Danilo Galasse; Género: Documental; Duración: 90 minutos; Origen: Mar del Plata, Buenos Aires (Argentina); Producción: María Silvia Marini, Mariana Palomba; Entrevistados: María Julia Stella de Aro, Elma Pelozo, Mabel Miranda, Julio Aro, Ramón Alegre, José María Raschia, Luis Aro.
Calificación: Muy buena
La estructura sobre la que se monta la propuesta de Monforte tampoco es la más sencilla, la que queda más cómoda al espectador; más bien, podría catalogarse como compleja. Sin embargo, lejos de resultar monótona y lineal, consigue el dinamismo necesario con la oportuna inclusión de testimonios que se recogen de los ex combatientes y sus familiares.
El documental, en este sentido, logra mostrar de forma brillante lo que fue y lo que sigue siendo Malvinas para los tan disimiles contextos e idiosincrasias que se presentan a lo largo de Argentina. Ésa es, sin dudas, la idea madre que propone el film. Porque al exponer y contraponer aquellas miradas, permite también evidenciar el marcado contraste que existe entre las diferentes regiones de nuestro país.
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| De izquiera a derecha: Miguel Monfortes y Julio Aro. |
Aquel viaje concretado en 2008, no fue uno más para el ex combatiente. Significó, de algún modo, el cierre de una etapa que permitió la apertura de otra. El film muestra como desde entonces, Aro toma las riendas del "Proyecto ADN" y con su mera intervención, da a la causa una trascendencia internacional inédita. La lucha, sin embargo, recién culminará cuando se identifiquen los nombres de las 123 cruces argentinas que yacen en el cementerio Darwin.
Es que dentro de ese aire independiente y distinto que se respira en el documental, afloran también dos sentimientos que se perciben sin dificultad: la angustia y el dolor. Y aunque quizás, en realidad, uno sea la consecuencia del otro, ambos parecen y se distinguen tan inherentes al documental, como a la propia vida de cada uno de sus actores.
Con su relato, Monforte demuestra que hay heridas que ni siquiera logran cicatrizar con el tiempo. Aquí no se pretende narrar, sino describir ese dolor crónico, interminable, sobre el cual debe construirse una vida inevitablemente distinta. Por eso, Héroe Corriente resulta ser un material indispensable, si se quiere comprender cuán compleja y difícil es la guerra, después de la guerra.
* El documental Héroe Corriente fue producido por la Fundación No me olvides, organización no gubernamental compuesta por madres de caídos, veteranos y civiles.
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Julio Aro,
Miguel Monfortes
viernes, 6 de mayo de 2016
Revista Billetin: Un resumen bien resumido sobre los '90
"Billetin nace con el objetivo de rememorar lo más trascendente de una década muy rica en todo sentido. Como bien señala su portada, Editorial Menbrilla (Mentes Brillantes), elabora en este número un resumen bien resumido de todo lo acontecido en los '90.
Por una cuestión arbitraria, y quizás hasta inconsciente, el enfoque estuvo estrictamente vinculado al plano nacional. De aquí se explica la utilización de un formato tan particular, como el de Billiken, para la construcción de la revista.
Por su farandulesca y bizarra figura, se eligió a Carlos Ménem como el personaje más significativo de la década, ya que la sola mención de su apellido sintetiza las nefastas políticas económicas que tanto le costarían al país.
La inocencia de la clásica revista para niños permite jugar con la imagen del ex Presidente y ampliar el abanico de posibilidades, escapando del estilo periodístico tradicional.
La esencia de Billetin, se resume en un sólo concepto: la innovación. Porque no es cuestión de repetir lo que ya se ha dicho, sino de generar un nuevo contenido."
Revista completa:
*Trabajo realizado para la materia "Historia Social General", dictada por el profesor Martín Paciulli. A grandes rasgos, la cuestión consistía en realizar una revista de fin de década, situándose como si la misma fuera publicada en dicha fecha (por eso se incluyen propagandas de la época). Junto a Franco Perrone, Agustín García y Tomás García Castañón, nos tocó situarnos, por decisión del azar, en la década de los '90. El estilo, el contenido, y todo lo demás, fue a libre elección. De allí este producto, hecho con más amor que sensatez.
Vale aclarar también que todas las imágenes que se encuentran dentro de la revista fueron extraídas de otros sitios o autores (como las caricaturas de Ménem, pertenecientes al gran ilustrador Costhanzo, u otras que fueron publicadas en Télam, etc). De ningún modo pretendemos atribuirnos material ajeno como de propia autoría. Lo que sí es nuestro, es todo lo referente a las ideas y el trabajo correspondiente de edición de imágenes (como la portada, etc).
viernes, 1 de abril de 2016
El futuro, oscura maravilla
Nadie desearía vivir en un edificio que está al borde del colapso. No habría motivos. Ni siquiera la nostalgia de un glorioso pasado podría aferrar a alguien a una estructura débil, incierta. Sólo el engaño, sólo el hombre lo lograría. Porque claro, basta un poco de maquillaje, mostrar a la vista una cosa segura, agradable, renovada, y probablemente muchos ingenuos terminarían allí.
Sucede que en los últimos años parece haberse acrecentado la necesidad de querer revelar construcciones ruinosas como únicas alternativas posibles; también el interés - grosero, que ya ni se esconde - de querer seguir por el mismo rumbo: ése en el que los ricos son unos pocos, y donde el pobre figura como una consecuencia casi insalvable, inexorable (y hasta necesaria).
Suponer entonces al futuro como la continuidad de ése presente, es exactamente la misma falasia. De ningún modo podría sostenerse una dinámica que apenas resulta sostenible en la actualidad. El sistema industrial ya tuvo su auge, ya tuvo sus tiempos prósperos, y ahora ya ha encontrado su límite, su punto culminé. Está bien, quizás cueste reconocerlo. Pero guste o no, el industrialismo, como dicen los jóvenes, "ya fue".
Y la prueba diáfana de ello está, por ejemplo, en los diarios, en las simples noticias de todos los días. No es una realidad ajena. Pobreza, desnutrición, desempleo, escasez de recursos, cambios climáticos, ecología, son apenas algunos de los tantos síntomas globales latentes que exponen cuán frágil y vulnerable son los cimientos de la oxidada industrialización.
Es evidente que los problemas más urgentes del mundo ya no encuentran - ni encontrarán - resolución en este esquema. Por eso quienes ostentan el poder (al menos por un rato), insisten, ante la desesperación, con la idea de que no hay final, de que el sistema nunca caerá. Como si la mera repetición de conceptos construyera verdades.
Por eso también, es tan absurdo como incorrecto pensar con angustia los tiempos venideros. Es lógico cierto temblor, cierto caos. Da cuenta de la dimensión que conllevan los grandes y profundos cambios que se avecinan. Habrá que afirmarse, sí, pero no hay porqué temer. Se despliega ante el mundo un nuevo abanico de oportunidades, cargado de un aire distinto, inédito, desconocido por todos.
El futuro es esperanza. Lejos está el mundo de quedar oculto por el polvo y los escombros de aquellas estructuras falases. Hay mucha más luz y claridad de la que realmente se cree – perdón, de la que quieren hacer creer. Porque como dijo Borges en los versos de 1964, aunque la vida es corta y las horas tan largas, una oscura maravilla nos acecha.
*Trabajo realizado para la materia "Deontología", dictada por el profesor Nicolás Fabiani. Cabe aclarar que el texto expuesto está inspirado en la lectura del libro La Tercera Ola (1979), del estadounidense Alvin Toffler (foto).
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Futuro,
Industrialismo,
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domingo, 13 de marzo de 2016
Furca, desparpajo insolente
Mientras leía Furca, además de no parar de reírme, no podía dejar de pensar en una coincidencia que, la verdad, no era mucho más que eso, una simple coincidencia. Pero que tanto la novela, sus autores y, en este caso, su lector sean de Mar del Plata, le daba un gustito muy especial a un libro que ya venía muy bien condimentado de por sí.
Era mi primera incursión en una novela de raíces marplatenses y, por ende también, mi primer enfrentamiento con dos brillantes escritores como demostraron ser Fernando del Río y Sebastián Chilano. Y sí, como siempre sucede con libros semejantes, el único arrepentimiento que me deja esta experiencia es el de no haberlo leído antes.
Furca, la cola del lagarto (2009), narra básicamente la vida de un hombre en silla de ruedas que no tiene piernas. Bueno, en verdad, esa sería la manera más formal, correcta y elegante de refererise a él. La novela, sin embargo, elige ser un poquito más cruel cuando tiene que hablar de su protagonista: es el tullido, el parálitico, el deforme, el enano, el lisiado, el inútil, etcétera, etcétera.
Supongo que eso les dará un indicio más que claro de cómo es el lenguaje aquí. No es complejo, sino más bien simplón, brutal y coloquial, pero tan preciso y bien pensado, que fluye como un río turbulento cargado de ironías y metáforas que hacen repensarnos a nosotros mismos y a las miserias que flotan en nuestra sociedad (y que lamentablemente no están escondidas; están a la vista de todos).
De ese modo, Chilano y del Río nos sumergen en el particular mundo de Furca. Por un instante -porque la novela es eso, un instante-, somos la mirada del hombre que está postrado eternamente en una silla, que vive en una cárcel con ruedas. Y aquí, el gran peligro de caer en lugares comunes; en esa lástima que a veces es tan pegajosa como insoportable. Sin embargo, sus creadores optan por el humor. Que sí, que duele, que es ácido. Pero que hace reír, y eso es lo que vale.
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| De izquierda a derecha: Fernando del Río y Sebastián Chilano. |
Porque Furca es así: no le teme a nada ni a nadie, dice y hace lo que quiere. Porque más allá de la desgracia, de las limitaciones obvias, de que hasta ir al baño sea una hazaña y un desafío, sobran sus aventuras por la ciudad: como su escandalosa presencia en el centro evangelista, su problemático desembarco en el balneario San Sebastián, o sus asiduas concurrencias a los cabarés.
Y que la novela tome como escenario a Mar del Plata y en ella recorramos Luro, Colón, Castelli, Alvarado, expone otro de los grandes aciertos de sus autores. Construyen esa atmósfera de forma prolija y sin abundar en descripciones. Hablan, por ejemplo, de las particulares condiciones climáticas que reinan en La Feliz: "En Mar del Plata el verano no tiene cuatro meses. Tampoco lo tienen las otras tres estaciones del año (...) el clima ofrece variaciones tan marcadas, que no se recuerdan dos años similares".
Confieso también, salvando las distancias y sin pretender ser vulgar con la comparación, que Furca me hizo recordar al famoso doctor de una serie de televisión (ese que tenía ojos celestes y usaba bastón, seguro lo recuerdan) ¿Por qué? Por lo renegado, por lo hostil, por lo solitario. Es cierto que su mamá, su hermana y especialmente Javier Biblioni, su cuñado, nunca se ausentan; al contrario. Pero él está solo, y siempre va a estarlo.
Quizás se me haya ido un poco de las manos esta reseña. Pero bueno, resumiendo, aconsejo absolutamente la lectura de Furca, la cola del lagarto por su originalidad, por alejarse de lo convencional, y por ser una novela que siempre va para adelante, que nunca se estanca. Es, literalmente, un trajín de anécdotas constante. Y es ese desparpajo insolente que se percibe en la narrativa, el exponente todo lo delirante y atrapante que puede llegar a ser.
viernes, 11 de marzo de 2016
Crímenes imperdibles
Hace un par de semanas, cuando aún convivíamos con todo el fervor y la ansiedad que suponen los Oscar, y con toda esa cantidad de especiales y reportajes que ni los más fanáticos soportan, enganché una entrevista muy interesante a Campanella. Hablaba, entre otras cosas, de La gran apuesta y de la genialidad de su director, Adam McKay. “Logró casi una proeza: hacer una película muy interesante, muy vital, muy compleja, muy rica, dramática y apasionante... sobre hipotecas”, comentaba Juanjo.
Y es que si hablamos de Crímenes imperceptibles, las palabras del director del Secreto de sus ojos pueden aplicarse del mismo modo. Porque aquí, Guillermo Martínez también logra hacer de las matemáticas una materia excitante. Parece imposible, pero lo logra. Con la diferencia, sí, de que todos los números, símbolos y fórmulas que tienen lugar en este gran enigma, definen, aparentemente, quienes serán las próximas víctimas.
La trama, a muy grandes rasgos, trata sobre un joven matemático de Argentina que recibe una beca para realizar un postgrado en Oxford. Sin embargo, mucho tiempo no podría destinarle a sus estudios ya que a las pocas semanas de haberse instalado en la ciudad inglesa, se produce el asesinato de Mrs. Eagleton, la simpática anciana que le había dado hospedaje.
Es en esas circunstancias cuando nuestro protagonista conoce a Arthur Seldom, un prestigioso matemático que pronto se convierte en el foco de todas las luces ya que, al parecer, las muertes que se suceden están vinculadas a una especie de desafío intelectual dirigido hacia él. Seldom, además, da cuerpo a los diálogos más extensos e interesantes de la novela, exponiendo toda su sabiduría a partir de infinidad de citas en las que refiere, por ejemplo, a Marx, etcétera; es de esos maestros que parecen saberlo todo, y más aún.
Quizás, en primera instancia, pueda resultar más atractivo el vértigo del género, el qué sucederá, pero el verdadero enigma radica en un complejo entramado que el escritor bahiense sabe construir de forma muy silenciosa y perspicaz. Martínez a través, ya sea, del teorema de incompletitud de Gödel, o de la paradoja de Wittgenstein sobre las reglas finitas, teje una telaraña que nos atrapa en un profundo debate filosófico sobre la verdad.
Porque ni siquiera en las matemáticas, en ese mundo donde todo parece tan frío, seguro y calculable, podría demostrarse la existencia de semejante cosa. En el fondo, todos los criterios responden a una cierta estética de razonamiento. Y es, por ese limitado entorno de lo verosímil, por esas suturas automáticas a las que recurre la razón, lo que hace que la verdad quede siempre fuera de nuestro alcance.
Previo a la publicación de Crímenes imperceptibles en 2003, Guillermo Martínez ya contaba con dos novelas y un antecedente para nada menor: ser el segundo autor argentino – después de Borges – en formar parte de la prestigiosa revista The New Yorker, con su cuento Infierno grande (relato que, a su vez, da nombre a su primera antología). Pero fue esta novela la que terminó de consagrarlo, ya que el rotundo éxito que tuvo significó su traducción a más de 35 de idiomas. Un argumento más como para que vayan corriendo a buscarla a la librería.
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| Alex de la Iglesia (centro) junto al gran elenco de "Los crímenes de Oxford". |
En el film, Oxford se muestra mucho más hostil para el protagonista de lo que se describe en la trama original; las personalidades de algunos personajes también difieren bastante, y hasta se le intenta dar un tinte más pasional a la historia. Adaptaciones que, al fin y al cabo, pueden gustar más o menos; un terreno demasiado personal. De todos modos, y a pesar de lo dicho, la versión cinematográfica puede considerársela “aceptable”.
En resumen, Crímenes imperceptibles tiene factores que logran darle un gran valor agregado como producto en sí mismo: es una novela breve, dinámica, que se devora en sólo horas; con esa dosis de análisis justa y necesaria - indispensable para un policial -, pero que también deja lugar para la reflexión a través de un interesante abordaje filosófico que permite un análisis desde otra perspectiva. Por eso es aconsejable su lectura (y varias, para contemplarla en plenitud).
lunes, 22 de febrero de 2016
A solas con Diego Perez y Marcelo Mazzarello
Perro Que Habla continúa su recorrido por los teatros marplatenses y en esta oportunidad, el turno fue para "Mamá decía". Los protagonistas de la entretenida obra producida por Aldo Funes, que estará hasta Semana Santa en el refaccionado Teatro Santa Fe (Santa Fe 1854), dialogaron en exclusiva con nosotros luego de la función.
No importa de lo que hable Mauri, la respuesta de su hermano siempre será la misma: "Mamá decía...". Con ese estribillo que el "Chiqui" repite y repite hasta el cansancio, con esos hermanos antagónicos, y en una suerte de living desordenado, nace la obra escrita por Alicia Muñoz para hacer reír y demostrar que los lazos familiares no entienden tiempos ni distancias.
Diego Perez (Mauri) y Marcelo Mazzarello (El "Chiqui") encarnan a dos hermanos cuyo contraste es evidente desde un principio. Criado por su padre, Mauri es el típico empresario de ciudad: vida acelerada, problemas sin respuestas y, por supuesto, mala suerte con los negocios y las mujeres. El "Chiqui", en cambio, es simple, inocente, campechano. Su vida se resume fácil: el campo, los animales y "mamá".
El "choque de esos dos mundos" es muy gracioso por momentos pero no puede ocultar el dolor que comparten los hermanos ante la pérdida de sus referentes. En ambos, es indudable que la ausencia de sus padres no es más que física: los extrañan y necesitan tanto que, en definitiva, se hacen más presentes que nunca en sus recuerdos y pensamientos.
Por eso "Mamá decía" llega de otra manera al público. Porque más allá de ser una comedia y tener esa dosis de humor necesaria del género, cuenta también con cierta cuota de nostalgia y tristeza que da otra clase de contenido a la obra. "Toca temas que a todos de alguna manera nos llegan: los padres, los hermanos, los vínculos familiares, el lugar de la tierra de uno. Eso hace que cause mucha gracia y que a la vez tenga momentos de emoción", explica Diego.
Con personajes hechos prácticamente a su medida, Perez y Mazzarello no necesitan de mayores esfuerzos para su interpretación. Y a pesar de ser su primera experiencia juntos, arriba del escenario se complementan como si fueran una dupla consagrada. "Fue como encontrar a alguien con quien coincidís en todo, como encontrar un dúo, algo que funciona solo. Es un hallazgo", dice Mazzarello.
En el mismo sentido se manifestó Diego Perez, que señala que para él fue como si hubieran "trabajado juntos toda la vida". "Hay muy buena química, somos muy buenos compañeros. Somos también de salir a comer juntos. La verdad que se ha generado una buena química dentro y afuera del escenario", revela.
Por su papel en "Mamá decía", Mazzarello, que confiesa que sólo quiere "hacer tiempo hasta el verano que viene para volver a Mar del Plata", recibió el prestigioso Estrella de Mar como mejor Actuación Protagónica Masculina de Comedia. "Fue sorprendente porque competíamos con obras grandes y con producciones muy importantes. Pero por suerte nos galardonaron a nosotros y estamos muy contentos".
Diego, que tampoco oculta la "felicidad" que le genera venir a la ciudad, se refirió a la particular temporada marplatense. Sin ahondar en demasiadas cuestiones políticas, reconoció al "cambio de gobierno" como un factor que incidió de manera determinante en el turismo que tradicionalmente elige a Mar del Plata para sus vacaciones de verano.
"Creo que arrancó de a poquito y fue 'in crescendo'. Hubo un cambio de gobierno muy importante en el país, la gente no sabía qué era lo que iba a suceder. Algunos ya tenían las vacaciones compradas en Brasil y entonces al principio la gente fue cautelosa. Febrero cambió muchísimo, y Mar del Plata se llenó mucho más. A casi todos nos fue mejor", sostuvo.
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| Marcelo Mazzarello y Diego Perez con el productor general de "Mamá decía", Aldo Funes. |
domingo, 21 de febrero de 2016
A solas con Manuel Wirtz y Jorge "Carna" Crivelli
Parte del gran elenco que forma parte del espectáculo "Bossi Big Bang Show", que hasta el 6 de marzo se estará presentando en el Teatro Radio City del Centro de Arte Radio City - Roxy - Melany, tuvo una entrevista exclusiva con Perro Que Habla y acá te la mostramos... ¡No te la pierdas!
Las casualidades no existen. Al menos, eso es lo que parece demostrar el increíble show de Martín Bossi. Su talento, la monumental puesta en escena y el gran despliegue musical de la "big band", son alguno de los argumentos que justifican el rotundo éxito de la obra en la difícil temporada marplatense. Es un éxito que no sorprende; hasta parece premeditado.
"Siendo tan baja la cantidad de espectadores en los teatros y que nosotros hayamos llenado la sala, habla de que él se ha roto el alma como para que esto suceda. No es una casualidad. Siento que mucha culpa tiene Martín de que esto pase", sostiene "Carna", que con convicción también afirma que Bossi "es un pibe que no tiene techo".
Por su parte, Manuel Wirtz, que se muestra "agradecido al público de Mar del Plata y de todo el interior del país", tampoco ahorra elogios para Bossi: "Es un divino, un tipo talentoso, un tipo inquieto: un niño todavía. Es un insoportable para buscar, para pedir y para cambiar y modificar. Y a uno lo hace crecer eso. El que está agradecido de trabajar con él soy yo. Todos estos años han sido un lujo para mí, un aprendizaje total".
Wirtz, además de encargarse de la dirección musical, tiene muy destacadas intervenciones que relucen sus dotes actorales. Hasta se da el lujo de hacer bailar a todo el Radio City con su dulce "Donde quiera que estés". Sin embargo, él, con la humildad de siempre, resume todo a la "maravillosa cuota de genialidad de Martín". "Somos un equipo. Estoy orgulloso de la banda. Sin la calidad de los músicos que tengo esto no sonaría como suena", agrega.
Pero lo verdaderamente interesante de la propuesta del hombre de las "mil caras", es que en ella no solamente hay lugar para el humor sino que también se guarda se contenido para reflexionar sobre la tecnología y la celeridad con la que se vive en los tiempos modernos. "Lo bueno de este espectáculo es la historia que estamos contando. Un poco la crítica es que estamos solos, conectados, pero solos", explica Manuel.
También se refirió a la posibilidad de trabajar con la actriz de "la Bebota", Adriana Brodsky, que aún conserva su belleza inalterable. "Sumar el año pasado a Adriana Brodsky y cambiar un poco el sketch de Álvarez y Borges para agregar 'el Manosanta' y que tengamos a la auténtica ahí, es un placer inmenso. Es una gran mujer, una muy buena compañera y una gran actriz. La disfrutamos todos los días".
Y más allá de la vida en los escenarios con "Bossi Big Bang Show", los actores tienen sus proyectos personales: Bossi partirá a mediados de marzo para Madrid, donde presentará su obra "Bossi, un impostor apasionado"; Manuel Wirtz tendrá un 2016 cargado y con "mucha música" a partir del lanzamiento de un disco que viene con gira bajo el brazo y "Carna" Crivelli deslizó la posibilidad de trabajar en la pantalla grande, además de sus tradicionales participaciones en Showmatch.
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